martes, 28 de octubre de 2014
Sensación de opresión en la región torácica o abdominal.
Su angustia intentaba salir
entre arcadas de arrepentimiento
y vomitonas de deseo.
Ni siquiera el ronroneo en la almohada le aliviaba.
Una vez más
su cuerpo encogido se escondía bajo las sábanas
buscando dejar de doler.
No sabe dónde ha perdido su sonrisa,
y tampoco tiene fuerzas de buscarla.
(Foto: Diane Arbus)
martes, 14 de octubre de 2014
lunes, 11 de agosto de 2014
Y se araña el alma, una y otra vez, buscando matar la herida que se ha llevado su sonrisa y las ganas de existir. No consigue sanarla, y en ataques de ira la golpea sin parar. "Si no consigo curarla, acabaré con ella" piensa con los ojos cerrados mientras vomita lloros descontrolados.
Se fue la luz.
(Foto: F. Woodman)
Se fue la luz.
(Foto: F. Woodman)
miércoles, 30 de julio de 2014
Su cara de sorpresa y angustia se solapaba al leer cada página de aquel guión. Repasaba los escritos anteriores e intentaba descifrar las virginales cuartillas venideras. Afinaba su vista pero era incapaz de adivinar qué sucedería. Ahora se dedicaba a asumir la desaparición de varios personajes de su historia, ya no compartirán más escenas, o quizá sí; ella aún no lo sabe.
A veces se da por vencida. No saber qué sentir le mata, le consume. Piensa en arrancar las hojas aún no escritas y dar por terminado el guión. Piensa en escribir con detalle cada una de esas páginas, en vencer el pánico al futuro en blanco. Piensa en marcharse lejos y desaparecer. Piensa en esperarle a la salida del trabajo y seguirle hasta casa. Le abraza cada noche aunque él no lo sepa, aunque él no quiera saberla.
El dolor en el pecho se extiende hasta el estómago y encoge su, ahora más frágil, cuerpo. Le duele. Se duelen. Le quiere. Se quieren.
(Foto: Henri Cartier Bresson)
sábado, 26 de julio de 2014
Hay tormenta
Me dedico a matar cucarachas cada día.
Testigos de la mala conciencia.
Insistentes.
Dicen que salen más cuando hay tormenta.
Muchas. Rápidas. Repugnantes.
Y son días de esos.
No hay paraguas invencibles
ni cuerpos impermeables.
Solo puedo esperar que llegue el día
en que no aparezcan,
y el día en que mi cuerpo empapado
retome aquel calor.
(Foto: Francesca Woodman)
domingo, 15 de abril de 2012
domingo, 18 de marzo de 2012

Yo sé estar sola. Yo sé ir a trabajar, volver a casa y no pensar en nadie. Sé hacer que pasen las semanas y no echar de menos. Sé comprar un tomate, una cerveza y una entrada de cine. Yo sé estar sola. Sé pasear dando vueltas sin saber dónde diré "ya he llegado". Sé "sonreír" a quien me dice algo cuando ve que estoy sola. Yo sé no sentir envidia por la gente que pide siete cervezas y brinda. Yo sé no extrañar las conversaciones y no me hacen daño las carcajadas ajenas. Yo sé mirar a los demás y decirles "sí, estoy sola". Yo sé llegar a casa y no contar a nadie que me volvieron a hacer repetir el recetario. Puedo no llamarte si yo quiero. Puedo no esperar que me llames ni me preguntes cómo fue el día. Yo puedo con esto y con mucho más.
¿Yo puedo estar sola?
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